
En la industria del zumo, cada naranja cuenta dos historias. La primera es la más conocida: la del zumo que llega al consumidor. La segunda es igual de interesante: la de todo lo que queda después del exprimido y que, bien entendido, no es un residuo, sino una materia prima valiosa. Ahí es donde entran en juego las pectinas y las fibras cítricas, ingredientes funcionales capaces de aportar textura, estabilidad y rendimiento tecnológico en multitud de alimentos.
En nuestro día a día, trabajamos con cítricos para producir zumos NFC y coproductos derivados. Y cuanto más avanzamos en procesos y aplicaciones, más claro lo vemos: cuando se diseñan bien la extracción, el tratamiento y la aplicación, “lo que sobra” puede convertirse en un ingrediente con propósito.
Las tendencias de formulación empujan en una dirección muy concreta: etiquetas más simples, ingredientes reconocibles y funcionalidades tecnológicas sin recurrir a soluciones que el consumidor percibe como artificiales. En paralelo, la industria busca reducir mermas, optimizar rendimientos y avanzar hacia modelos de economía circular.
Las pectinas y fibras cítricas encajan de forma natural en esa convergencia porque permiten:
Y lo más importante: lo hacen partiendo de una fuente vegetal con una narrativa potente de aprovechamiento integral del cítrico.
La pectina es un polisacárido presente de forma natural en las paredes celulares de muchas frutas, especialmente en cítricos. En formulación alimentaria, su valor está en su capacidad de formar redes que atrapan agua y crean estructuras: desde un gel firme en una confitura hasta una textura más suave y “cremosa” en un postre.
En la práctica, solemos hablar de pectinas según su comportamiento tecnológico (por ejemplo, su respuesta a azúcar, pH o presencia de calcio). Ese matiz es clave porque no existe “una pectina universal”: la elección depende del producto final, el proceso térmico y la experiencia sensorial buscada.
Cuando hablamos de fibra cítrica, nos referimos a fracciones ricas en fibra dietética, con una capacidad destacable de retención de agua y mejora de textura. A nivel de formulación, funciona como:
Es frecuente que se utilice para reforzar textura y estabilidad allí donde un único hidrocoloide se queda corto o donde se busca un perfil “más natural” en etiqueta.
En la transformación del cítrico, el exprimido separa de forma natural distintas fracciones: zumo, pulpa/celdillas, piel, fibras internas, semillas y otros componentes. Esa separación es el primer paso para pensar en “familias” de ingredientes:
En nuestro caso, además de producir zumos NFC, trabajamos con coproductos del cítrico y con un enfoque de aprovechamiento máximo. Esa visión nos ayuda a entender cómo un flujo que antes se consideraba de bajo valor puede convertirse en un ingrediente funcional para otras industrias alimentarias.
En bebidas y productos semilíquidos, el reto suele ser conseguir una textura agradable sin que resulte pesada. Aquí, pectinas y fibras cítricas pueden ayudar a construir:
Esto es especialmente útil en bebidas con fruta, smoothies, néctares, bases de cóctel, preparados para hostelería o soluciones industriales donde la estabilidad durante semanas es imprescindible.
En productos con sólidos en suspensión (pulpa, especias, cacao, proteínas vegetales), el objetivo es evitar que se decanten. Con el ajuste adecuado, estos ingredientes pueden contribuir a:
En pocas palabras: ayudan a que el producto tenga el mismo aspecto y comportamiento desde el primer uso hasta el último.
Cuando necesitamos un gel, la pectina suele ser una aliada clásica. La clave está en elegirla con criterio según:
Con un buen diseño, podemos conseguir desde mermeladas con estructura firme hasta toppings más fluidos y brillantes para yogures, helados o repostería.
La fibra cítrica destaca cuando el reto es retener agua sin generar una sensación “gomosa”. En aplicaciones como salsas, rellenos, preparados cárnicos, alternativas vegetales o masas, puede ayudar a:
Cuando reducimos azúcar o grasa, suele caer la percepción de cuerpo, redondez y persistencia en boca. Pectinas y fibras cítricas pueden ser un recurso para recuperar parte de esa experiencia:
El truco no está en añadir “mucho”, sino en encontrar la dosis mínima efectiva y el punto de hidratación correcto para que el ingrediente trabaje a favor del producto, no en su contra.
En formulación real, rara vez es blanco o negro. Nosotros solemos plantearlo así:
También influyen variables de proceso: cizalla, temperatura, tiempo de hidratación, punto de adición y tipo de tratamiento térmico. Dos formulaciones con la misma receta pueden comportarse distinto si cambias el orden de mezclado o el sistema de hidratación.
Aquí es donde se ganan (o se pierden) los resultados.
Tanto pectinas como fibras requieren una incorporación cuidada para evitar aglomeraciones. En planta, suele funcionar bien:
Una dosis demasiado alta puede generar sensaciones no deseadas: pastosidad, exceso de viscosidad, “corte” de sabor o textura artificial. Por eso, nuestra recomendación es validar con pruebas piloto y centrarse en:
Hablar de ingredientes de origen cítrico no es solo hablar de funcionalidad. También es hablar de un modelo industrial donde aprovechamos al máximo cada parte de la fruta. En nuestro proyecto, la sostenibilidad está integrada en la forma de trabajar y en la valorización de subproductos, con el objetivo de avanzar hacia un esquema de residuo alimentario cero y de mejora continua.
Esa filosofía es la que permite que la conversación cambie: ya no pensamos en “deshacernos de” una corriente, sino en transformarla para que tenga una segunda vida útil y valor en otras cadenas industriales.
Si estás formulando una bebida con pulpa, un topping de fruta, un postre lácteo, una alternativa vegetal o una salsa estable, lo más eficiente suele ser empezar por una pregunta simple: ¿qué problema queremos resolver: textura, estabilidad, gelificación o rendimiento? A partir de ahí, se define la estrategia de ingredientes y el proceso.
Si quieres conocer mejor quiénes somos y cómo trabajamos con cítricos, puedes visitar Zuvamesa y explorar nuestras líneas de producto e innovación orientadas al aprovechamiento integral de la fruta.
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