
El zumo 100% de fruta (sin azúcares añadidos) suele meterse en el mismo saco que las bebidas azucaradas, sobre todo por su contenido de azúcar. Pero hay un matiz importante: no es solo “azúcar en un vaso”. La forma en la que ese azúcar llega al cuerpo puede cambiar según el alimento que lo contiene.
En los últimos años, la discusión se ha desplazado hacia un concepto clave: la matriz de la fruta. Entenderla ayuda a responder la gran pregunta: ¿el zumo 100% se parece más a la fruta o se comporta como un refresco?
Cuando hablamos de “matriz” nos referimos al conjunto de componentes de un alimento y a cómo interactúan: estructura, micronutrientes (vitaminas y minerales) y compuestos bioactivos (como polifenoles), además de pequeñas fracciones de fibra soluble según el tipo de zumo.
En un refresco azucarado, lo habitual es encontrar azúcar añadido y poco más. En un zumo 100% encontramos azúcares naturalmente presentes, pero también vitaminas, minerales y bioactivos que pueden modificar la respuesta del organismo.
Si comparas “por 100 ml”, puede parecer que algunas bebidas azucaradas y algunos zumos están cerca en azúcar total. El problema es que esa comparación, por sí sola, se queda corta.
Lo que realmente determina el impacto es la ración habitual y lo que acompaña a ese azúcar (matriz). En la práctica, muchas personas toman refrescos en envases grandes y el zumo suele consumirse en porciones más pequeñas. Además, el zumo 100% no aporta solo azúcar: suele sumar micronutrientes y compuestos vegetales.
La respuesta de glucosa tras tomar zumo puede ser diferente a la de otras bebidas dulces, incluso con azúcares parecidos. Influyen varios factores.
El azúcar del zumo no es un solo tipo; suele ser una combinación de glucosa, fructosa y sacarosa. En cantidades moderadas, esa mezcla puede dar respuestas distintas a una bebida endulzada principalmente con un solo tipo de azúcar.
Algunos compuestos de la fruta se investigan por su capacidad de modular cómo se absorben ciertos azúcares en el intestino, lo que podría contribuir a una respuesta postprandial más favorable en determinadas condiciones.
Aunque no se parece a comer fruta entera, el zumo puede contener pequeñas cantidades de fibra soluble (como pectinas), especialmente si es un zumo con pulpa o menos filtrado. La fibra soluble puede afectar la velocidad de vaciado gástrico y el tránsito intestinal, con posible efecto en la absorción de glucosa.
La parte más diferencial entre zumo 100% y refrescos no es solo la vitamina C: son los polifenoles.
Estos compuestos no siempre se absorben en grandes cantidades en el intestino delgado, pero pueden transformarse por la microbiota, y sus metabolitos pueden actuar como señales biológicas que influyen en procesos relacionados con inflamación, equilibrio oxidativo y función vascular.
En estudios en humanos, bebidas ricas en polifenoles han mostrado resultados variables, pero en algunos casos se observan mejoras en marcadores vasculares (como indicadores de función endotelial) y cambios en presión arterial con consumos sostenidos en determinados perfiles.
Una razón clave de las diferencias entre estudios es la variabilidad individual. La respuesta a los bioactivos depende de la microbiota intestinal, la capacidad de absorción y metabolización, los hábitos dietéticos previos y el estado metabólico (sensibilidad a la insulina, peso, etc.).
Es decir: el mismo zumo puede tener efectos discretos en una persona y prácticamente neutros en otra. Esto ayuda a entender por qué, al mirar la evidencia, a veces la conclusión parece “sí”, otras “no” y muchas “depende”.
Si el debate se reduce a “tiene azúcar = es como un refresco”, se pierde información. Una visión más útil es esta:
Si quieres incluir zumo 100% con criterio, estas pautas suelen funcionar:
El zumo 100% no es equivalente a un refresco azucarado en composición ni necesariamente en comportamiento, pero tampoco es idéntico a la fruta entera. Puede formar parte de una alimentación saludable si se consume con moderación, se elige bien el producto y no desplaza sistemáticamente a la fruta entera.
En última instancia, la clave no es demonizarlo ni idealizarlo, sino encajarlo con sentido común dentro del conjunto de hábitos.
Puedes obtener más información a través de este artículo de Cambridge.
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